DÍA 3: MILAGROS

Tercera Noche de Janucá

Con el Templo profanado finalmente de vuelta en manos judías, los sacerdotes estaban ansiosos por quitar los ídolos, purificar la Santa morada de Dios y rededicarla a Él. Pero el aceite puro certificado que pudieron encontrar no era suficiente para mantener la menorá encendida hasta que pudieran conseguir o preparar más. De hecho, solo tenían suficiente para un día. Los sacerdotes encendieron la menorá con fe, y el Señor hizo un gran milagro. La escasa provisión de aceite duró ocho días, hasta que hubo más listo para rellenar las lámparas.

Nuestro Dios es un Dios que obra milagros. Lo vemos a lo largo de las Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. De hecho, una de las Escrituras hebreas que profetizan sobre el Mesías revela que Él haría milagros de sanidad, devolviendo la vista a los ciegos, el oído a los sordos y el habla a los mudos (Isaías 35:5–6). Quizás no veamos hoy tantos milagros como los que relatan las Escrituras, pero Dios sigue interviniendo en nuestro mundo natural con Su poder sobrenatural. Ya sea una sanidad física o la llegada de un cheque misterioso por la cantidad exacta que necesitábamos, justo a tiempo para pagar una cuenta, Dios sigue obrando Sus maravillas.

Nuestras vidas como Creyentes son milagros en sí mismas. Yeshúa (Jesús) tomó nuestro pecado sobre Sí mismo y murió en nuestro lugar para que pudiéramos nacer de nuevo espiritualmente a una vida nueva y milagrosa, cubierta por la justicia del Mesías. A través de Él, tenemos comunión con el Padre y vida eterna. El Espíritu Santo que vive dentro de nosotros obra Sus maravillas transformando nuestros corazones y mentes para que seamos más semejantes a Yeshúa.

Sí, nuestro Dios es un Dios que obra milagros, cuyas maravillas toman muchas formas. Que esta Janucá sea la temporada en que tu corazón se vuelva con expectativa hacia Él por Sus milagros en tu vida. Busquemos los milagros que Él quiere darnos y creámosle por milagros, grandes y pequeños, confiando en que Su voluntad es perfecta. Y si Él decide no hacer el milagro práctico que buscamos, podemos estar seguros de que Él quiere hacer milagros en nuestros corazones, transformándonos, haciendo crecer nuestra confianza en Él, y brillando a través de nosotros para revelarse a las personas que nos rodean, para que Él también pueda hacer milagros en sus corazones.

Tú eres el Dios que hace maravillas; hiciste notorio en los pueblos Tu poder.
Salmo 77:14

Encienda las Velas con Su Familia

Coloque tres velas en la janukiá esta noche, colocándolas en los portavelas desde el extremo derecho y ubicándolas de derecha a izquierda. Al encender el Shamash (la Vela de Servicio), recite las bendiciones judías mesiánicas de Janucá:

Bendito eres Tú, ADONAI, nuestro Dios, Rey del universo, que nos has santificado con Tus mandamientos y nos has dado a Yeshúa el Mesías, la Luz del Mundo.

Bendito eres Tú, ADONAI, nuestro Dios, Rey del universo, que hiciste milagros para nuestros antepasados en aquellos días, en este tiempo.

Usando el Shamash, encienda las velas de Janucá en la dirección opuesta a la que las colocó en los portavelas, según la costumbre judía de honrar primero a la más nueva. Enciéndalas de izquierda a derecha. Regrese el Shamash a su lugar. Deje que las velas se apaguen por sí solas. Deben arder durante al menos media hora.