
Uno de los temas de Janucá es la luz. La luz nutre y sostiene la vida. Calienta. Nos permite encontrar el camino. La luz revela los gozos de la belleza y expone los peligros del mal. La luz brinda esperanza.
Jesús usó la frase “luz del mundo” de dos maneras en las Escrituras. Habló de Sí mismo, diciendo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). El evangelio de Mateo registra a Jesús hablando a Sus seguidores, diciendo: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14).
Puede parecer extraño pensar que podemos ser algo que Jesús dijo de Sí mismo. Sin embargo, así como Jesús irradió la luz del Padre cuando caminó en la Tierra, también nosotros lo hacemos cuando permitimos que la luz que Él ha puesto en nosotros por el Espíritu Santo emane a través de nosotros.
La tradición judía dice que debemos colocar nuestra janukiá (el candelabro de Janucá) cerca de una ventana donde las personas de afuera puedan verla. Su luz testifica de un milagro que Dios hizo hace mucho tiempo, y está destinada a ser vista. Jesús explicó en Mateo capítulo 5 que nadie enciende una lámpara solo para apagarla y que no brille.
Como Creyentes en Yeshúa (Jesús), el Mesías, hemos experimentado el milagro del nuevo nacimiento espiritual, de pasar de la muerte a la vida espiritual. Tenemos el milagro del Espíritu Santo viviendo dentro de nosotros, gracias al cual ahora podemos vivir como nuevas criaturas, dotadas de nuevo poder para vivir vidas piadosas que glorifiquen al Padre.
Esta luz que Dios ha puesto dentro de nosotros también está destinada a ser vista. En Mateo 5:16, Jesús dijo: “...dejad que vuestra luz brille delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Cuando hacemos brillar la luz de Dios en medio de la oscuridad espiritual del mundo, testificamos del milagro de Su gracia y salvación.
Cada noche de Janucá, al encender una vela adicional, vemos la luz brillar cada vez más. En la tradición judía, esto se llama “aumentar la santidad.” Una sola luz penetra la oscuridad, pero al unirse con otras, se multiplica, haciendo retroceder aún más la oscuridad. Que nuestras luces brillen intensamente, individual y colectivamente, mientras nos unimos en comunión y comunidad para revelar a Jesús a un mundo cada vez más oscuro.
Coloque cinco velas en la janukiá esta noche, colocándolas en los portavelas desde el extremo derecho y ubicándolas de derecha a izquierda. Al encender el Shamash (la Vela de Servicio), recite las bendiciones judías mesiánicas de Janucá:
Bendito eres Tú, ADONAI, nuestro Dios, Rey del universo, que nos has santificado con Tus mandamientos y nos has dado a Yeshúa el Mesías, la Luz del Mundo.
Bendito eres Tú, ADONAI, nuestro Dios, Rey del universo, que hiciste milagros para nuestros antepasados en aquellos días, en este tiempo.
Usando el Shamash, encienda las velas de Janucá en la dirección opuesta a la que las colocó en los portavelas. Enciéndalas de izquierda a derecha, según la costumbre judía de honrar primero a la más nueva. Regrese el Shamash a su lugar. Deje que las velas se apaguen por sí solas. Deben arder durante al menos media hora.