

La palabra glorificar tiene varios significados relacionados. Uno indica que, cuando glorificamos a Dios, lo adoramos o alabamos. Otro significado es revelar a Dios como glorioso. Y otra definición de glorificar es iluminar o resplandecer.
Cuando el Señor llamó a su pueblo a salir de Egipto para que fuera suyo, nos llamó a salir de la esclavitud hacia una nueva vida en libertad. También nos llamó a glorificarlo.
En el desierto, Dios instruyó a los israelitas para construir el tabernáculo donde residiría su gloria. Él eligió hacer su morada con su pueblo, para que lo conociéramos y supiéramos que Él es nuestro Dios. Se requirieron oro, plata y linos finos, cosas extraordinarias y hermosas que reflejarían la naturaleza gloriosa de Dios. Cuando su gloria llenó la Tienda de Reunión, todo Israel se postró y lo adoró.
Siglos antes del Éxodo, Dios le dijo a Abraham, el padre de la nación judía, que haría de sus descendientes una bendición para el mundo entero. Todos fuimos creados para dar gloria a Dios y alabarlo, pero las Escrituras nos dicen particularmente esto del pueblo judío. En el libro de Isaías, Él dice que formó a Israel para proclamar su alabanza. El Salmo 29 nos instruye a inclinarnos ante su hermosura y atribuirle la gloria que le corresponde.
Los escritores del Nuevo Testamento exhortan a los creyentes a glorificar a Dios junto con Israel. Estamos llamados a glorificarlo con nuestro cuerpo y con nuestra vida, para que otros puedan ver a Dios a través de nosotros. Pablo hizo una declaración profundamente motivadora sobre cómo la gente respondió a su vida y testimonio, cuando reveló a los gálatas: “Y glorificaban a Dios por causa de mí”.
Pésaj nos recuerda que Dios nos ha llamado no solo a adorarlo, sino a ser luz para el mundo entero. ¿Y no es ese el tipo de vida que queremos como creyentes? ¿Una que le dé la alabanza que merece y revele su bondad y majestad? ¿Una que señale hacia Él a las personas que nos rodean?
“De la misma manera, dejen que su luz brille delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.” (Mateo 5:16)
Éxodo 8:1, Éxodo 29:44–46, Éxodo 40:34, Éxodo 33:10, Isaías 43:21, Salmo 29:2, 1 Corintios 6:20, 1 Pedro 2:12, Gálatas 1:21–24